Hacía tiempo que no estaba tan agotado. El trabajo está siendo una locura: cuando parece que todo va más o menos bien, recibo una llamada o un mensaje y me desbarata todo. Es imposible manejar la situación y parece que no haya habido un día en las últimas tres semanas que haya sido tranquilo. Quién me habría dicho a mí que me convertiría en un maestro de la diplomacia humana.

Me quejo de mis problemas de primer mundo aquí, porque este es mi blog y me lo follo cuando quiero.

Por cierto, adoro el gato de mi compañera: tiene el hardware de un gato y el software de un perro. Cuando me lo ha dicho, casi me meo de la risa. Y cuando digo que casi me meo, es que casi me meo. Y las carcajadas se han escuchado por toda Europa Central.

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