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Quien miente por miedo a no enfrentarse a una conversación que no quieren tener, que les da vergüenza o que les puede dejar en evidencia debería madurar y pensar en las consecuencias de las mentiras. Cuando mientes a una persona a la que dices que quieres, haces un daño irreparable en la autoestima y en el futuro de esa persona. Por la próxima vez, esa persona no va a creer a quien, muy probablemente, esté diciendo la verdad.
Quien miente y a la vez dice «te quiero», sea esto último verdad o no, es inmadura, infantil y, quizá, un poco mala persona.
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Patapum.
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De Sitges me llevo un recuerdo horrible. El recuerdo de haberme enfrentado con un monstruo de persona y volver a sentir el miedo que sentí hace mucho, mucho, mucho tiempo.
Púdrete en el infierno, hijo de la grandísima puta.
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Hace un año escribí esta nota sobre los trastornos del lenguaje. Qué mierda de texto, oye, pero cada vez me flipan más estas movidas.
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Me acabo de enterar de que una persona a la que le he contado muchísimas cosas íntimas ha decidido airear toda esa información para yo qué sé.
No deja de fascinarme la estupidez: si sabes que me voy a enterar, ¿para qué lo haces? Y luego, ¿tan mala persona eres? Pues aparentemente sí.
Lo peor del caso es que me he enterado por Grindr. Tócate un pie.